03/05/2015 · Marilar Ruiz 4 min de lectura

‘Cenicientas y príncipes’ o de cómo vivimos con Pretty Woman a las espaldas

Inspiración Personajes

Para la mayoría de los que conozco, Pretty Woman no es más que una Cenicienta del siglo XX

Creamos personajes, para hacer nuestra vida más fácil: para protegernos, para evitar repetir situaciones dolorosas… Cada cual tiene sus motivos y todos ellos son ciertamente válidos. Levantamos muros, rodeados de profundos fosos, bajando los puentes solo en contadas ocasiones y no siempre de manera completa, dejando que alguien se asome lo justo pero sin llegar a traspasar la puerta.

Hoy me puse a pensar en ello viendo, por enésima vez, una de mis películas favoritas. Quizás no tenga el mejor argumento, la mejor banda sonora y mucho menos, los mejores efectos especiales. Sin embargo, tiene algo mucho más especial: la sensación de haber ido evolucionando en el tiempo conmigo o tal vez, yo con ella y su mensaje. Hablo de Pretty Woman.

Para la mayoría de las personas que conozco, no es más que un cuento de hadas, una Cenicienta del siglo XX, salvada de su penosa vida por el caballero adinerado, un príncipe de las finanzas y los negocios. Y así es, al menos en la visión más superficial, la que se percibe en el primer visionado y probablemente, la intención con la que guionista y director la llevaron a cabo en su momento.
En mi caso, y esto no es más que una apreciación personal, después de años de verla una y otra vez, de saber casi de memoria sus diálogos, hoy he recibido un mensaje totalmente diferente. Será que yo, con el paso del tiempo, también soy diferente y mi percepción de las cosas, mi nivel de madurez o mi ojo de terapeuta, así me lo han hecho entender pero sea como sea, justo la última frase de la película, me lo ha confirmado.

Esta película es, en realidad, una alegoría de cuán fáciles o complicadas se pueden volver las relaciones interpersonales cuando las personas cargan con un gran peso en sus mochilas, con historias que dejaron huellas indelebles, con emociones mal gestionadas y con el miedo que genera todo ello junto… haciendo que se levanten esos muros que mencionaba al principio. Nos habla de la lucha que se genera cuando el corazón lanza el mensaje valiente de “sigue adelante” y la mente aséptica grita “ni lo intentes”. En esos momentos, el personaje que hemos creado, se apodera de la persona que en realidad somos, dejándonos ocultos tras de esa imagen que tanto esfuerzo nos ha costado vender a los demás de una manera creíble, aunque en soledad, no es más que una pesada losa que no nos dejar andar libremente, pero no nos atrevemos a cambiar.

Pretty Woman es crecimiento personal en estado puro: amar sin atar, el desapego, la espera consciente y el vivir aquí y ahora, disfrutando de los instantes que tenemos, sin expectativas en el resultado

La trama, por llamarla de algún modo, nos pasea también por el otro lado: por el confiar, por la valentía de expresarse, por lo gratificante que es abrir el corazón a la otra persona, por el alivio de descargar ese peso y ver que lo podemos superar. La empatía, la comprensión y el no juzgar, forman parte de ese cambio que nos muestra en sus personajes: eso es crecimiento personal en estado puro. El amar sin atar, el desapego, la espera consciente y el vivir aquí y ahora, disfrutando de los instantes que tenemos, sin expectativas en el resultado.

Así que, volviendo a la película: ese hombre de negocios frio, duro e insensible, que no necesita de nada ni de nadie, que se dedica a ir destruyendo empresas por aumentar su dinero, se tropieza con la chica de pueblo que acabó trabajando en la calle tras ni se sabe cuántos fracasos en sus relaciones, pero que mantiene su frescura, su espontaneidad, sus ganas de vivir y que le hace mirar las cosas de la vida de un modo completamente diferente. Esa chica que, con dulzura y sin forzar las cosas, le va mostrando su propio corazón, aunque él se niegue a reconocerlo. Esa chica que, llegado el momento, comprende que debe renunciar a él al final de su “acuerdo”, no sin antes dejarle muy claro sus sentimientos y lo que desearía que pudieran vivir juntos sin obligaciones: “El cuento de hadas”, haciendo referencia a su niñez y lo que ella soñaba.

Por tanto, ¿Es él el que consigue que la vida de la chica sea mejor?, ¿Es realmente su salvador?, o por el contrario, ¿Es ella la que consigue que ese hombre se encuentre de nuevo consigo mismo, reconciliando su corazón y su alma? Esta situación es muy frecuente y recurrente en nuestras relaciones, nadie salva a nadie y nadie hunde a nadie, tan solo seres que comparten camino, complementándose con amor y creciendo juntos, haciendo que cada uno deje aflorar lo grande que lleva en su interior.

Nadie salva a nadie y nadie hunde a nadie: tan solo son seres que comparten camino, complementándose con amor y creciendo juntos, haciendo que cada uno deje aflorar lo grande que lleva en su interior.

Os dejo que lo penséis con calma, pero os adelanto que para mí, la clave está justo en la última frase de la película, justo cuando él sube la escalera de incendios, venciendo su miedo a las alturas, con su ramo de flores y su paraguas a modo de espada, la besa y quiere saber qué ocurría en el cuento imaginario de la chica:

– ¿Qué ocurrió cuando el caballero subió a la torre y rescató a la princesa?”, le dice él.
– “Que ella le rescató a él”, contesta ella.

Marilar Ruiz

Marilar Ruiz

Granadina de nacimiento y catalana de adopción, nací en un bonito pueblo costero en 1964. Profesora de Educación Infantil, formada en PNL y Coaching Sistémico, cuento con más de 20 años de experiencia en gestión de equipos humanos y sus recursos, en diferentes campos de la empresa privada multinacional. Combino diferentes técnicas junto con el Coaching como: Reiki o Bioenergía, entre otras. Mi misión es acompañarte, mediante la comunicación y la formación, a tomar conciencia de ese cambio que quieres dar a tu vida.
Marilar Ruiz

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